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Piedad Interior

Piedad interior es una escultura cerámica que nace del gesto lento, contenido y profundamente humano. Modelada en torno alfarero y deformada manualmente en estado plástico, la forma se repliega sobre sí misma evocando un acto de sostén y recogimiento, como una figura que protege a otra en su interior. La obra no representa una escena concreta, sino un estado emocional: la materia se convierte aquí en metáfora de amparo, cuidado y fragilidad compartida.

El volumen se organiza alrededor de un interior protegido. Los pliegues no son bruscos ni tensos; se cierran con suavidad, construyendo un espacio íntimo donde la forma parece abrazarse a sí misma. Este gesto de recogimiento no es defensivo, sino compasivo. La escultura transmite una cercanía silenciosa, una presencia que no se impone, sino que acompaña.

Realizada en terracota mediterránea, Piedad interior transmite una tensión silenciosa entre lo frágil y lo protector. El barro, trabajado directamente con las manos, conserva la memoria del gesto y del tiempo. Cada repliegue, cada transición de volumen, es resultado de un proceso consciente en el que la materia responde de forma orgánica. No hay dramatismo explícito; la fuerza de la obra reside en su serenidad, en su capacidad de sostener sin reclamar atención.

La deformación plástica permite que la forma se adapte a sí misma, generando una estructura estable y vulnerable a la vez. El cuerpo escultórico parece sostener algo invisible, como si su razón de ser estuviera en aquello que guarda. Esta ambigüedad entre interior y exterior refuerza el carácter contemplativo de la pieza y la sitúa en un territorio emocional profundo.

Cada gesto conserva la huella directa del proceso manual, reforzando su condición de objeto artístico único. La superficie no se corrige ni se disimula: muestra la honestidad del trabajo hecho a mano, donde la imperfección se convierte en parte esencial del lenguaje formal. La cerámica no busca una belleza idealizada, sino una verdad material y emocional.

El esmalte, de formulación propia, en tono marfil rosado, acentúa la suavidad de las superficies y refuerza el carácter íntimo de la obra. Este color delicado envuelve la escultura en una piel cálida y silenciosa. La luz se posa de forma sutil sobre los pliegues, recorriendo el volumen sin contrastes agresivos y subrayando la dimensión emocional de la pieza más allá de su forma física.

Un elemento esencial de Piedad interior es la intervención en oro al estilo japonés Kintsugi, aplicada para sellar una ruptura producida durante la cocción. Lejos de ocultar la herida, esta reparación la integra como parte de la obra, convirtiendo la fisura en un lugar de valor y significado. La línea dorada no es un adorno, sino un acto de aceptación consciente.

El Kintsugi introduce una lectura profunda: la rotura reparada habla de cuidado, de tiempo y de transformación. La herida no se borra; se honra. Este gesto refuerza el sentido íntimo de la pieza y amplifica su carga simbólica. Piedad interior no solo protege un interior formal, sino también una historia, una experiencia inscrita en la materia.

La obra forma parte de la serie Esculturas contemporáneas y se presenta como una de esas obras únicas en cerámica concebidas para ser contempladas desde el silencio. No busca una lectura rápida ni inmediata. Requiere proximidad, tiempo y atención, invitando a una relación pausada con el objeto.

Firmada en la base y acompañada de su certificado de autenticidad, Piedad interior se presenta como una escultura en cerámica hecha a mano, situada entre la cerámica creativa, el diseño en cerámica y el arte escultórico contemporáneo. Una obra que convierte la fragilidad en valor y el cuidado en forma, materializando en barro y oro un gesto profundamente humano.

825,00 

DATOS TÉCNICOS

Material: Terracota

Color: Marfil rosado

Acabado especial: Intervención en oro estilo japonés Kintsugi

Dimensiones: 30 × 18 cm

Peso: 4,4 kg

Pieza única: Sí

Certificado de autenticidad: Incluido